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Definición de Consejería Profesional

La Consejería Profesional es una profesión que surge con la intención de servir a la humanidad desde una perspectiva integral. Esta profesión parte de que los seres humanos han sido dotados de capacidades adaptativas y fortalezas que le permiten vivir la vida a plenitud. El camino hacia esa vivencia plena no está libre de obstáculos ya que el peregrinaje mismo implica la presencia de desafíos biológicos, cognitivos, emocionales, sociales, relacionales y conductuales. Estos retos pueden llegar a ser tan estresantes que comprometan el buen vivir.

La Consejería como profesión tiene como objetivo último el asistir a los seres humanos en el proceso de moverse hacia la plenitud existencial. La especificidad de la Consejería Profesional se puede resumir en tres dimensiones las cuales se abordan teniendo en mente primero las fortalezas y el contexto sociocultural y ecológico del ser humano: 1. Prevención de problemas psicológicos, relacionales, espirituales y conductuales debilitantes, 2. Promoción del crecimiento psicológico, social y espiritual desde una perspectiva contextual, ecológica, transformadora e integradora, y 3. Resolver y remediar los problemas de origen cognitivo, emocional, social y espiritual que puedan estar impidiendo el despliegue del potencial humano y el bienestar integral de la persona y de su comunidad.

Consejería Familiar

La familia definida como dos o más personas que viven juntas y que están relacionadas por consaguinidad, matrimonio, adopción, o nexos emocionales y que tienen un historial en conjunto, sigue siendo el espacio natural donde se puede experimentar la felicidad y la plenitud existencial. Esta responsabilidad que tiene la familia de proveer apoyo y soporte emocional, económico, social y espiritual es bastante exigente generando tensiones y estrés, a veces difícil de manejar por si misma ameritando la intervención de profesionales de la terapia familiar.

La consejería familiar es una forma de proveer psicoterapia y consejería donde la familia es tratada como una unidad, que junto a uno o más terapeutas familiares, activamente participa en la búsqueda de soluciones y de su bienestar.

Los consejeros y consejeras familiares parten del principio que los problemas o desafíos emocionales y psicológicos se desarrollan, se nutren y se mantienen en el contexto social de la familia. Daniel Sánchez (1999) formula tres observaciones fundamentales de la terapia familiar. 1) La vida de los grupos se rige por leyes propias y con cambios cíclicos, en los cuales es preciso modificar el paradigma terapéutico, 2) Las familias tratan de mantener su equilibrio haciendo converger el conjunto de sus tensiones sobre uno o mas de sus miembros, 3) El ser humano no es un ente aislado, sino que es parte de una sociedad, comunidad, ecología que interactúa y se nutre mutuamente. Por lo tanto, lo que le sucede a un miembro de la familia afecta e influye a la familia como un todo. El punto central de la consejería familiar es que los problemas no se encuentran en las personas meramente sino en las relaciones que ellas tienen.

Consejería Pastoral

Por R. Esteban Montilla

La consejería pastoral se refiere al ministerio ofrecido por personas que han aceptado el llamado a ser colaboradores con Dios en el proceso de restaurar el imago dei en aquellos o aquellas que buscan ayuda para poder enfrentar con éxito las dificultades y desafíos emocionales, cognitivos interpersonales y espirituales que la vida les presenta.

Este ministerio de la consejería pastoral es una extensión y continuación del ministerio del Señor Jesucristo quien fue enviado "para dar buenas nuevas á los pobres, para sanar á los quebrantados de corazón, para pregonar á los cautivos libertad, para dar vista a los ciegos, para poner en libertad á los quebrantados y para predicar el año agradable del Señor" (Lucas 4:18-19)

Mas específicamente la consejería pastoral tiene que ver con la relación reciproca y terapéutica que se desarrolla entre una persona profesional, que ha sido entrenada clínicamente para integrar la teología y la psicología, y otra persona o personas que llegan a reconocer sus necesidades de crecer de manera integral o que enfrentan desafíos emocionales, cognitivos, interpersonales o espirituales de magnitud tal que ameriten la consulta pastoral profesional.

Esta relación terapéutica que se forma está basada en la firme creencia de que cuando dos o más seres humanos entran en relación o en comunión el cambio que se efectúa es bilateral. Es decir, tanto el consejero pastoral como la otra persona o grupo pueden experimentar el proceso transformador de la gracia de Dios. Los dos podrán salir de ese encuentro con perspectivas distintas acerca de la vida, de ellos mismos y de los desafíos que enfrentan.

Características de un Consejero o Consejera Pastoral Eficaz

Una consejera eficaz necesita poseer ciertos atributos personales y habilidades profesionales que le permita facilitar el proceso de exploración, introspección, cambio, crecimiento integral, y sanidad interior de aquellos que soliciten la ayuda terapéutica. Para ofrecer consejería pastoral con eficacia se necesita más que buenas intenciones de ayudar a los demás.

Las palabras del Patriarca Job ilustran este punto: “Tres amigos de Job se enteraron de la desgracia que le había sobrevenido y acudieron desde sus respectivos países...Los tres se pusieron de acuerdo para ir a compartir su pena y consolarlo. Al verlo de lejos no lo reconocieron. Empezaron entonces a llorar a gritos, rasgaron sus mantos y echaron polvo sobre sus cabezas [demostración de simpatía y de duelo]. Se sentaron en el suelo a su lado durante siete días y siete noches, sin decirle una sola palabra, viendo su terrible dolor” (Job 2:11-13, BJ)

Hasta este momento estos tres consejeros estaban facilitando el proceso y acompañando de manera efectiva al Patriarca Job. Pero luego cuando deciden cambiar de estrategia de intervención y comienzan de manera tóxica a interpretar la desgracia de Job y a ofrecer soluciones simplistas, el Patriarca categorizó el acercamiento de ellos como mediocre y destructivo. “Muchas cosas como éstas he oído, todos ustedes solo son consoladores agobiantes” (Job 16:2, BJ).

Encontramos mas tarde en el relato que Dios mismo les dijo a los tres consejeros, que lo que habían dicho acerca de Él estaba equivocado. “Después que el Señor dijo estas cosas a Job, dijo también a Elifaz: ‘Estoy muy enojado contigo y con tus dos amigos, porque no dijeron la verdad acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job. Tomen ahora siete toros y siete carneros y vayan a ver a mi siervo Job, y ofrézcanlos como holocausto por ustedes. Mi siervo Job orará por ustedes, y yo aceptaré su oración y no les haré ningún daño, aunque se lo merecen por no haber dicho la verdad acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job.’ Elifaz, Bildad y Sofar fueron e hicieron lo que el Señor les ordenó, y el Señor aceptó la oración de Job” (Job 42:7-8 DHH0).

Este relato bíblico señala entonces que la intervención de un consejero o psicoterapeuta pastoral puede construir o destruir, ayudar o hacer daño. La diferencia de los resultados dependerá de las características humanas de los consejeros y de las estrategias que usen.

Características personales de los consejeros (a) pastorales efectivos incluyen:

  • La disposición a reconocer que el poder sanador y transformador reside en Dios y que los consejeros son solo colaboradores con Él. “Yo soy Yahvé, el que te sana" (Éxodo 15:26, BJ)"Yahvé sana los corazones quebrantados” (Salmos 147:3, BJ). Los consejeros eficaces hacen uso de este poder divino a través de la oración constante.
  • La firme determinación a representar el carácter de Dios, el cual es amor, (1 Juan 4:8), en todas las intervenciones pastorales. “Amaras a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18) Háganlo todo con amor” (1 Corintios 16:14, BJ). “Sírvanse unos a otros por amor” (Gálatas 5:13, BJ). Los estudios científicos en esta área muestran que el amor es un factor clave en el proceso de cambio y en el logro de una buena salud mental (Witmer & Sweeney, 1992)
  • La creencia de que las personas que buscan ayuda, al igual que los consejeros, fueron creados con la capacidad de responder de manera particular a la voz del Espíritu Santo, por lo tanto, tienen el mismo acceso al poder transformador de la gracia de Dios. “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho” (Juan 14:26). Esta aptitud de creer en la capacidad de los demás es otro factor determinante de cambio y crecimiento (Combs, 1986).
  • La tendencia a tener un concepto equilibrado y moderado de sí mismo y de sus capacidades. Esto implica que las consejeras eficaces tienen un concepto positivo de ellas mismas y confían que han sido llamadas y equipadas con habilidades en el campo de la consejería pastoral. “Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado...No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben” (Romanos 12:3,16). Esto significa que los consejeros celebran las capacidades o auto eficacia que tienen pero al mismo tiempo reconocen que ellos mismos están en el proceso de ser transformado. El ministro, “Trata con paciencia a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está sujeto a las debilidades humanas. Por tal razón se ve obligado a ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como también por los del pueblo” (Hebreos 5:2-3). Buber (1999) refiriéndose a la reciprocidad del proceso terapéutico dice que el psicoterapeuta que quiere promover cambios en las personas que vienen en busca de ayuda, debe estar dispuesto también a ser cambiado por ellos. El Apóstol Pablo ilustra este fenómeno de reciprocidad al admitir que, las personas, a quienes él estaba ayudando a madurar en la fe, también, estaban ejerciendo cambios significativos en él. “Pues ansío verlos, a fin de comunicarles algún don espiritual que los fortalezca, o más bien, para sentir entre ustedes el mutuo consuelo: la suya y la mía” (Romanos 1:11-12).
  • La disposición a aceptar y respetar a los seres humanos por el hecho de que fueron creados a la imagen de Dios. “Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26). Esto implica que los seres humanos fueron creados con la libertad y capacidad de escoger, de ser co-creadores con Dios, así como también, con la capacidad de influir el ambiente en el cual se desenvuelven. Los consejeros (as) eficaces creen en su propia capacidad creativa y en la de aquellos que vienen en busca de ayuda terapéutica. Esta aptitud creativa conlleva a los consejeros a respetar la unicidad de cada ser humano y así son flexibles con respecto a las técnicas o modelos de acercamiento o abordaje que usen.
  • La determinación a mantener una aptitud de cuidado e interés genuino en el bienestar de los demás. Durante los cuarenta días que Jesucristo pasó en la tierra después de su resurrección se le apareció al Apóstol Pedro y tres veces le preguntó, "Simón, hijo de Juan, ¿Me amas? Él respondió: 'Sí, Señor. Tú sabes que te amo'. Jesús le dijo: "Cuida de mis corderos... Cuida de mis ovejas" (Juan 21:15 19). Cuidar a nuestros semejantes implica mostrar interés por ellos y estar dispuestos a estar con ellos cuando enfrenten los desafíos de la vida. “Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás” (Filipenses 2:4, NVI). Cuidar también se refiere a la disposición y actitud constante de interesarnos en los demás al valorar la unicidad de las personas, así como también, en amor y esperanza, contribuir al crecimiento y madurez integral de ellos. “Hagan suyas las necesidades de los que pertenecen al pueblo de Dios; reciban bien a quienes los visitan” (Romanos 12:13, VP).
  • La habilidad que se tenga para comunicar y expresar compasión y empatía con aquellos que solicitan la ayuda. "Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran" (Romanos 12:15, BJ). “Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció...Y Jesús lloró. Por eso los judíos decían: Mirad, cómo lo amaba” (Juan 33, 35,36, NIV). Herman (1993) dice que un factor determinante en la eficacia de la terapia es la capacidad que tenga el consejero o psicoterapeuta de transmitir empatía y de tener compasión. “Así dice Yahvé Sebaot: Celebren juicios justos, practiquen entre ustedes el amor y la compasión” (Zacarías 7:9, BJ) “Sean amables entre ustedes, compasivos, perdonándose mutuamente como los perdonó Dios en Cristo” (Efesios 4:32, BJ).
  • La creencia de que el ser humano tiene una parte activa en el proceso de la sanidad. “Tu fe te ha sanado” (Lucas 18:42).
  • La disposición a vivir con los misterios de Dios y de la vida y no tanto a resolverlos. A nosotros se nos ha confiando los “misterios de Dios”, pero el llamado es a vivir en los misterios y no tanto a resolverlos. “¿Descubrirás tú las profundidades de Dios?¿Descubrirás los límites del Todopoderoso? Altos son como los cielos; ¿Qué harás tú? Más profundos son que el Seol) ¿Qué puedes tú saber? Más extensa que la tierra es su dimensión, y más ancha que el mar” (Job 11:7-9, NIV). Los consejeros eficaces reconocen que la vida está llena de misterios y que muchos de ellos son impenetrables. Tomas Moore (1992), dice que el llamado para aquellos que tratan de cuidar por el bienestar espiritual de los demás no es primordialmente el de resolver los rompecabezas de la vida, sino más bien, el aceptar la invitación a apreciar las paradojas y los misterios de la vida. Este reconocimiento de los misterios de la vida conlleva a los consejeros eficaces a tolerar la incertidumbre y sobre todo al mundo de lo desconocido. Pietrofesa et al., (1978) sostienen que existe una correlación directa entre el nivel de tolerancia a lo desconocido que muestren los consejeros y el resultado positivo de la psicoterapia.
  • La disposición a escuchar y ver lo que ordinariamente las demás personas no oyen ni miran. Los consejeros eficaces escuchan atentamente sin interrumpir ni juzgar lo que se dice o se expresa verbal o corporalmente. “Que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar” (Santiago 1:19, BJ). “Responder antes de escuchar es necedad y bochorno” (Proverbios 18:13, BJ).
  • Los consejeros que están conscientes de sus fortalezas, de sus motivaciones, del impacto de sus emociones, de sus necesidades personales, de sus capacidades de manejo y resistencia, así como también, de sus debilidades tienden a estar mas abiertos a la reciprocidad del proceso y a ser más efectivos en el proceso terapéutico con aquellos que vienen en busca de ayuda. Ellos se conocen así mismos y tienen una identidad personal y profesional definida.
  • La disposición a consultar con otros profesionales. “Los planes fracasan por falta de acuerdo, más en la multitud de consejeros se afirman” (Proverbios 15:22).
  • Los consejeros pastorales eficaces reconocen la importancia de escuchar, atender, reflejar y aceptar, pero, también usan su autoridad profética al confrontar en amor creencias o pensamientos irracionales, comportamientos autodestructivos y auto-derrotistas, y patrones relacionales perjudiciales. “Y no se acomoden al mundo presente, antes bien transformándose mediante la renovación de su mente, de forma que puedan distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Romanos 12:2, BJ).
  • Los consejeros pastorales entienden que los seres humanos están en proceso y que la renovación y transformación es una ocurrencia diaria y constante. “El ser interior se va renovando de día en día” (2 Corintios 4:16). La gracia transformadora de Dios trabaja de manera silenciosa y su trabajo toma lugar en el ser interior y se proyecta en la conducta externa del ser humano. “El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo” (Mateo 13:33, BJ). El entender que los seres humanos están en proceso conlleva a los consejeros a confiar en el proceso y con paciencia reafirman que Aquel que comenzó en trabajo en las personas lo va a terminar (Filipenses 1:6, VP). “Animen a los que están desanimados, que ayuden a los débiles y que tengan paciencia con todos” (1 Tesalonicenses 5:14).
  • Los consejeros pastorales eficaces reconocen su vulnerabilidad y humanidad. Ellos ven la sabia auto-revelación como parte importante del proceso de cambio. “Les escribí con gran aflicción y angustia de corazón, con muchas lagrimas, no para entristecerlos, sino para que conocieran el amor desbordante que a ustedes les tengo” (2 Corintios 2:4).
  • Los consejeros pastorales eficaces reconocen su autoridad y la usan sabiamente para el bienestar de los demás. “Esto es lo que tienes que enseñar, animando y reprendiendo con toda autoridad” (Tito 2:15, VP). El Señor Jesucristo presentó un concepto y paradigma de autoridad distinto, el cual invita a dirigir con y no a dirigir sobre los demás. “Él les dijo: Los reyes de las naciones dominan como señores absolutos y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores; pero no así ustedes, sino que el mayor entre ustedes sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve” (Lucas 22:25-26, BJ).
  • Los consejeros pastorales eficaces tienen un sentido de humor saludable. “El corazón alegre constituye buen remedio; pero el ánimo triste resta energías”(Proverbios 17:22, DHH).
  • Los consejeros pastorales eficaces reconocen que son falibles y admiten cuando cometen errores.
  • Los consejeros pastorales eficaces reconocen que al intervenir en la consejería ellos no vienen tabula raza sino que traen consigo un conjunto de valores que influyen la relación terapéutica, y, por el hecho de estar consciente de esta realidad, ellos tratan de ser objetivos en sus intervenciones y evitan así imponer sus valores.
  • Los consejeros pastorales eficaces son amigables y hospitalarios. “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 Pedro 3:8-9, RVR1960).